A quién no le gusta la música y el baile. Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, alivia el dolor, estimula el sistema nervioso, en definitiva nos provoca un montón de beneficios físicos, emocionales, psicológicos y sociales, porque mientras escuchamos música y bailamos con otras personas, sociabilizamos y aunque no seamos conscientes, externalizamos muchas emociones y creamos conexiones con los otros.
Nuestra escuela de baile adaptado es una actividad que llama bastante la atención y motiva mucho a los participantes con discapacidad ya que la música les encanta, como al resto del mundo. Todos disfrutan muchísimo riendo durante toda la sesión y dejando la vergüenza para otras ocasiones.

El grupo es bastante diverso y heterogéneo ya que hay personas en edades comprendidas entre los 13 y 54 años, participantes con discapacidad física (parálisis cerebral, artritis, hemiplejia), discapacidad intelectual, autismo y e incluso se apuntó el hijo de una voluntaria sin discapacidad que se lo pasó en grande como el resto del grupo.
Carla, técnica especializada de Fundación También planifica y prepara las sesiones previamente para que están perfectamente adaptadas a las distintas necesidades del grupo y todos puedan disfrutar en igualdad de condiciones, además se encarga de brindar apoyo personalizado a cada participante. Carla va acompañada de Adrián y Paula, técnicos también de nuestra fundación, que aseguraran la dinámica de la sesión y consiguen que nadie se quede atrás.
Carla: «Comenzamos la sesión con una presentación para conocernos tras lo cual realizamos ejercicios de movilidad corporal, para calentar y entrar en la dinámica de la clase de manera progresiva. Seguimos con ejercicios por parejas al ritmo de la música usando las pistolas de agua, que nos sirvieron para trabajar la coordinación, el ritmo, el trabajo en equipo y compenetración con el compañero y la expresión corporal, e integrando de manera progresiva diversos grupos musculares»
Pero la cosa no se queda ahí, Carla continúa con zumba, sí, habéis leído bien. Primero practican dos bailes sentados en silla, enfocándose
en los movimientos de tren superior y aumentando la intensidad poco a poco y después llegan los bailes de pie, excepto los que están en silla, siguiendo los pasos que los técnicos van marcando.
¡Hemos vuelto a hacerlo! Hemos logrado que personas con y sin discapacidad hayan compartido actividad y espacio, participando activamente y derribando barreras en igualdad de condiciones.
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