Ponerse en la piel de personas con discapacidad a través de la empatía y el conocimiento puede hacernos entender las dificultades a las que se enfrentan todos los días estas personas pero también nos puede ayudar a derribar estereotipos y prejuicios.
El objetivo del programa «Ponte en mi piel», Fundación También pretende mejorar la percepción que tiene la sociedad de la discapacidad, viviendo y compartiendo la experiencia del deporte adaptado.
En esta ocasión, los técnicos de nuestra fundación prepararon un montón de actividades adaptadas para más de un centenar de voluntarios de la empresa Klepierre en el centro comercial Plenilunio de Madrid. Hasta allí llegaron centenares de personas con diferentes discapacidades de la Fundación Bobath, Fundación Juan XXII, Fundación Camps, Fundación Railes y la Asociación Cirvite, que compartieron actividades con los voluntarios y sobre todo mucha risa y diversión.
La jornada comenzó con las palabras de bienvenida de Óscar Rodríguez, SC Manager, y Laura López, de marketing, ambos de Klepierre. Agradecieron a la Fundación También la organización del evento, deseando a todos los asistentes una experiencia divertida y exitosa. Acto seguido, Carlos Rolandi, nuestro director ejecutivo, y Andrés, coordinador técnico de la Fundación, destacaron la importancia de esta actividad para sensibilizar y normalizar la discapacidad y aseguraron a los voluntarios que la experiencia sería inolvidable e enriquecedora.
El momento más emotivo de la mañana fue la intervención de Bruno, un joven beneficiario de nuestra fundación. Con gran desparpajo, compartió un poco de su historia personal y demostró que la discapacidad no es una barrera, sino un desafío que se puede superar con determinación. Su testimonio fue una poderosa prueba de que el esfuerzo y la voluntad son clave para alcanzar cualquier meta.
Actividades como el minigolf, baloncesto en silla, bolos, bádminton, bicicletas adaptadas, tiro con arco, hockey, boccia o el goalball, no son solo un juego. Son la realidad de la discapacidad. Al participar en ellas, no solo estamos practicando un deporte; estamos entendiendo, de primera mano, los desafíos y las adaptaciones que se necesitan.
Como remate de la jornada, no podía faltar el baile. Y para bailar, solo se necesitan dos ingredientes: música y unas animadoras excepcionales. Carla y Nuria con su energía contagiosa, consiguieron que todos los presentes, en silla de ruedas o de pie, se movieran al mismo ritmo. Fue el cierre perfecto, de pura alegría con cada paso de baile.

Y es que, si hay algo que nos une a todos por igual es la música. Crea un espacio donde la inclusión es natural, todos la sentimos y comprendemos. Es alegría compartida y fuente de unión.
En definitiva, solo cuando te pones en el lugar del otro, cuando sientes el peso de la silla de ruedas o la oscuridad total de no ver el balón, es cuando realmente reconoces y valoras las capacidades de cada persona. Esta vivencia nos permite ir más allá de los prejuicios, derribar barreras y fomentar una empatía genuina que se convierte en la base de una sociedad inclusiva y más justa.
Además, reconocer las habilidades y la autonomía de estas personas permite ver la discapacidad como una parte de la diversidad humana, que es la clave de la igualdad, el respeto y la inclusión.

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